Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se enfrentan este domingo en las elecciones que definirán el rumbo de Brasil. Del resultado dependen en buena parte sectores clave para la Argentina, como el automotor, la energía y la industria, ya que el país vecino es el principal destino de las exportaciones argentinas.
Los números muestran el peso del vínculo. Entre enero y septiembre de 2026, la Argentina le vendió a Brasil cerca de 10.000 millones de dólares, un 4,5% más que en el mismo período del año anterior, mientras que las importaciones rondaron los 12.000 millones, con una caída del 17%. Brasil concentró el 12,7% de las exportaciones argentinas y el 21,4% de las importaciones, y aun así el país acumuló en ese lapso un déficit comercial de más de 2200 millones de dólares con su principal socio regional. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el 64% de lo que se exporta a Brasil son manufacturas de origen industrial, en su mayoría ligadas al complejo automotor.
Los especialistas consultados por medios nacionales plantean dos escenarios. Un triunfo de Lula supondría, en líneas generales, la continuidad del esquema actual de integración del Mercosur, algo que podría dejar más cómodos a los sectores con fuerte inserción en el bloque, como el automotor, el metalúrgico y el manufacturero. Una victoria de Bolsonaro, en cambio, podría abrir paso a un Mercosur más flexible, con mayor libertad para que cada país negocie acuerdos por fuera del bloque, y a una mayor sintonía política entre la Argentina, Brasil y Estados Unidos.
Más allá de quién gane, los analistas coinciden en que persisten trabas para vender en Brasil, como exigencias burocráticas, certificaciones locales y subsidios a la industria brasileña. La energía aparece como el sector con más potencial: la expansión de Vaca Muerta y nuevas obras de infraestructura permitirían aumentar las exportaciones de gas al país vecino.
Otro punto clave será el acuerdo automotor entre ambos países, que vence en 2029. Hoy funciona con un régimen de comercio compensado y, si no se renueva, el intercambio de vehículos y autopartes pasaría a un esquema de libre comercio, una negociación en la que estarán en juego inversiones y empleo industrial.




